"Eres una Superheroína mami!!!"

Con esta frase y sus ojos grandes y brillantes, mi hija, que en ese entonces contaba con 5 años, me desbarató por completo. No sabía que el coser una de sus pantuflas rotas iba a generar esa reacción de júbilo en ella. No pude evitar abrazarla, llorar como el primer día que la vi… y reflexionar…

 Es un hecho: para nuestros hijos, somos una especie de superheroínas, que viven luchando contra los malos: la inflación, el desempleo, la inseguridad, (En especial las que vivimos en grande ciudades como esta) sólo para garantizar que crezcan sanos, seguros y felices. Somos quienes consiguen objetos perdidos, reparan juguetes rotos, los consentimos con su comida favorita, los aseamos, nos levantamos de la cama a atenderlos sin importar la intensidad del resfriado o malestar, cuidamos de ellos cuando enferman e incluso, salimos de madrugada en caso de emergencia, sin importar los peligros que haya en la calle. Pero muchas veces, las madres modernas nos olvidamos de cosas importantes para ellos: ESTAR CON ELLOS.


Sí queridas colegas. Nos preocupamos mucho en garantizarles un ambiente estable y seguro “para el futuro”, sin darnos cuenta que en el futuro ellos no serán niños, y esa estabilidad que tanto buscamos para ellos ya no será tan necesaria siendo adultos. Por trabajo, estudios, entre otras cosas, los vamos dejando cada vez más solos. La sociedad con nosotras ha sido implacable, y cada vez las exigencias son mayores. Pero las consecuencias las sufren nuestros hijos, quienes empiezan a ver al vecino, a la televisión y a sus juguetes como sus familiares más cercanos. A pesar de todo, ellos siguen ahí, mostrándonos las cosas que hacen, pidiendo a gritos jugar con nosotras, abrazándonos y besándonos cada vez que quieren. Con esto no quiero decir que las madres modernas no piensen en su profesionalización, o se encierren en sus casas. Hay una notable diferencia entre ser una "madre" y ser una "esclava". Ciertamente contamos con menos tiempo, pero también depende de nosotras darle calidad de tiempo por encima de la cantidad. Se lo debemos.

 Es cierto: existen quienes están puestas en el mundo solo para expulsar niños de su cuerpo, sin importar lo que suceda con ellos. Afortunadamente la mayoría de los casos, la que sacrifica, la que pasa hambre para que sus hijos puedan comer, la que cuenta una feliz historia a través de sus estrías y pechos caídos, la que enfrenta a una sociedad cada vez más cruel y despiadada, las que mantienen una familia en pie para estabilidad de sus hijos, las que (en especial en este país) viven en la angustia cada día que su hijo se ausenta de casa… Esa madre es la que desafía al mundo y le dice: pídeme demasiado y te daré de más, porque es su condición natural... Esa es la mujer que merece ser llamada MADRE.

Este llamado de atención no es solo con las “superheroínas” solteras, quienes, con la frente muy en alto, siempre desafían a quienes les señalan, demostrando que solas pueden hacer maravillas. Esto va también con la gran variedad de heroínas que existen:

La superheroína casada, quien es capaz de luchar en compañía de un fiel compañero justiciero (A veces fiel, a veces no).

 La superheroína viuda, quien a pesar de la pérdida de su compañero, continúan solas en este duro camino, pavimentándolo para el éxito de sus hijos.

La superheroína divorciada, cuyos "poderes mentales" logran que sus hijos crezcan felices, a pesar de no tener a sus padres juntos.

La superheroína sustituta, llámense tías, madrinas, abuelas, maestras, quienes suelen ser divertidas y abnegadas.

Y para mí, la más valiente de todas y a la cual solo llamo "la Superheroína": quien a pesar del dolor de haber perdido a alguno de sus hijos, sigue adelante ejerciendo esta noble labor por el bien de la sociedad y sin pedir nada a cambio.

Que nuestro mayor superpoder sea levantar seres humanos de bien, de esos que la sociedad y el mundo pide a gritos.

 Mis Superheroínas: Un gran abrazo y feliz día!

 Sandy


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